
POR HORUS La Columna
¡Qué bonito es el servicio público en Chihuahua cuando lo ejerza un auténtico visionario! Mientras el resto del país se prepara para el pavo, los villancicos y el merecido descanso, en el CONALEP estatal reina la innovación administrativa: las vacaciones son, según el director general Omar Bazán Flores, una mera “sugerencia” para el personal de confianza. ¿Guardias en diciembre? Claro que sí, porque nada dice “feliz Navidad” como obligar a la corte a aplaudir al emperador mientras los demás mortales descansan.
Y es que don Omar, ese ilustre doctorado que ni Vicente Guerrero le refresca la memoria, parece haber olvidado un detalle histórico: desde 1829, en México está abolida la esclavitud. Pero qué importa un decreto presidencial de hace casi dos siglos cuando uno se siente único jerarca del reino del CONALEP. La Ley Federal del Trabajo, con sus artículos 76 al 81 que consagran las vacaciones como derecho irrenunciable, debe haber llegado a su escritorio con la etiqueta “opcional”. O quizá se extravió junto con el sentido común.
Porque, queridos lectores, en el mundo bazaniano las leyes son flexibles, los derechos laborales son negociables y el calendario oficial es un accesorio decorativo. Mientras en el Congreso de la Unión se debate —¡oh, sorpresa!— la reducción gradual de la jornada laboral, nuestro héroe local va en sentido contrario: más horas, más “guardias solidarias”, más aplausos forzados. ¿Necesidad institucional? Ninguna documentada. ¿Urgencia educativa? Cero. Lo que sí hay es una evidente alergia a la soledad: alguien tiene que estar ahí para decirle lo genial que es.
Y no es la primera vez que el “vendedor de espejos” —como le llaman cariñosamente en los pasillos— nos obsequia con sus genialidades. Recordemos el programa de bilingüismo que se evaporó antes de terminar el semestre, o el deportivo que nunca tuvo plan de estudios pero sí muchas fotos en redes. Anuncios rimbombantes, resultados invisibles: la especialidad de la casa. Las nuevas carreras se gritaron a los cuatro vientos, pero las autorizaciones de horas docentes, el presupuesto y el equipamiento… esos detalles menores se olvidaron en el cajón.
Las oficinas centrales, según cuentan las malas lenguas (que cada día hablan más alto), viven en modo bombero permanente: apagar incendios provocados por una administración que, con todo respeto, parece improvisar sobre la marcha. Y mientras tanto, los jóvenes estudiantes pagan la factura de una de las gestiones más opacas que se recuerden.
Pero lo mejor viene en el apartado de señalamientos —insistimos, señalamientos que merecen lupa, no silencio—: contrataciones por honorarios de jardineros personales, recursos públicos desviados presuntamente a una escuela particular de su propiedad, camionetas adquiridas de manera irregular para uso familiar, aviadores en nómina (incluyendo prestanombres de alto linaje), mantenimientos millonarios a paneles solares que podrían hacer los propios técnicos del plantel, facturas abultadas a allegados —como las del hijo del director académico que ya superan los dos millones— y viáticos por comprobar que rebasan el millón de pesos. Todo esto, repetimos, son versiones que circulan y que claman por investigación formal.
Al final, el emperador Bazán no convoca guardias por emergencia educativa. Las convoca porque necesita público. Alguien que le aplauda, que le diga que todo está bien, que le confirme que sí, él es el único indispensable.
Hacemos un llamado —respetuoso pero firme— a la Secretaría de la Función Pública, a los órganos de control, a la Secretaría de Educación y al Gobierno del Estado: Chihuahua no merece que el servicio público se confunda con un coto personal ni que los derechos laborales se traten como capricho administrativo.
Porque educar no es simular.
Y administrar no es ignorar la ley.
Felices vacaciones… para quien las tenga.